Zizou

9 Aug

Durante mi existencia la mayor parte del tiempo la he dedicado a ver partidos de fútbol. Sin embargo debo decir que soy un ser extraño que deja de hacer sus deberes por ver un partido entre Santos Laguna y Montreal Impact pero que se duerme viendo jugar al Barcelona. Así soy yo, lejos de buscar la perfección disfruto enormemente de los destellos de luz que aparecen repentinamente en la oscuridad.

El mejor jugador que he visto (veo fútbol concientemente desde el año 1998 aproximadamente) se llama Zinedine Zidane. Lejos de ser un super-atleta incansable, Zidane era (es) un apasionado que de repente hacía magia, de repente se enfrascaba en una pelea o de repente era invisible durante el partido. Zizou no jugaba de memoria con nadie, simplemente descubría el fútbol en cada partido sin ningún libreto predefinido y no se cansó de sorprenderme hasta el bien recordado final de su carrera.

La escena que aquí presento es el final del documental Zidane, un portrait du 21e siècle, en el que se le hace seguimiento a este gran jugador durante un partido del Real Madrid contra el Villareal. Un final digno de Zizou, demostrando que acompañando a la técnica siempre estuvo la pasión y por eso sus admiradores siempre lo aplaudimos así saliera por la puerta de atrás.

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