Los olvidados (1950) dir. Luis Buñuel

4 Jun

El cine mexicano en blanco y negro es para mí uno de los tesoros más grandes de Hispanoamérica. Fue la industria mexicana de hacer películas una industria prolífica y sobre todo auténtica. Hay tres cosas que amo de las grandes obras mexicanas: los afiches, la fotografía y la música. Mi pasión por el cine no hubiera sido igual si en algún momento de mi vida no hubiera conocido el trabajo de directores como Fernando de Fuentes o Emilio “Indio” Fernández y cómo no mencionar la fotografía de Gabriel Figueroa. Son muchas las películas que hay para ver y muchas las entradas que se pueden escribir pero para empezar he decidido reseñar la obra con la que comencé a adentrarme en el cine mexicano: Los olvidados del director español Luis Buñuel.

 

Los Olvidados sucede en la Ciudad de México y se centra en un grupo de niños de la calle, lo que aquí en Bogotá llamamos gamines. En este punto es importante resaltar que la película es de 1950 y está ambientada precisamente en esa época. La narración comienza con la noticia de que El Jaibo, pillo líder del grupo, acaba de escaparse de la correccional de menores. El retorno del líder hace que la banda de niños vuelva de lleno a las acciones delictivas que les dan sustento para comer y mantener su vicio, el cigarrillo. Dentro de los personajes se pueden encontrar distintos casos de vida, como el del huérfano, el del niño abandonado o el del hijo no deseado, que sumados dan un panorama de la miseria propia de nuestras ciudades y que en más de 60 años no ha mejorado. El punto de quiebre de la historia se da cuando El Jaibo decide vengarse de aquel que presume fue el soplón que lo hizo terminar preso, lo que lo lleva a cometer el mayor de los delitos.

 

De esta película hay que decir que es una verdadera rareza pues en esa época la gente se divertía con historias de la revolución y de galanes cantándole a la niña más bonita del pueblo. Buñuel mostró la cara que nadie quería ver y resultó haciendo un clásico. Además en medio del realismo de la historia el director insertó elementos surrealistas que le dan un valor agregado a la película.

 

Destaco también que Buñuel contó para la realización de Los olvidados con el mejor director de fotografía de la época, el ya nombrado Gabriel Figueroa. Esto es de gran importancia por lo menos para mí ya que, en mi opinión, nadie manejó de una mejor manera la cámara en blanco y negro. Sobre su oficio, al recibir el Premio Nacional de Arte en 1971 el maestro dijo:

 

Durante 40 años, en compañía de otros hombres igualmente apasionados en el oficio de inventar imágenes, no he hecho otra cosa que delimitar la realidad entre las manos de una cámara fotográfica. Este privilegio excepcional me ha enseñado a conducir los sentidos hasta el corazón de la realidad y a construirme en la mirada de importantes inquisidores del alma.

 

Acepto que ver películas de 1950 o más viejas resulta tan difícil como leer el Orlando el furioso de Ludovico Ariosto porque utilizan maneras distintas a las que estamos acostumbrados. Pero el aprender a apreciar esas obras ha significado desprenderme de los paradigmas de mi tiempo y eso es maravilloso porque me ha permitido ir descubriendo la vida desde un espectro más amplio. Los olvidados es mi invitación a que alguno de ustedes, desocupados lectores de este blog, se adentre en ese maravilloso mundo del cine mexicano de antaño que es todo un deleite para los ojos y al que yo tan pobremente le rindo homenaje con esta entrada.

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