Archive | Detectives RSS feed for this section

Blade Runner – Ridley Scott (1982)

29 Dec

La pantalla grande y chica nos presentan constantemente estereotipos de personajes. Desde los salvavidas como Mitch Buchannon, las rubias como Reese Witherspoon (no diré nada más acá), los matones mexicanos, cowboys, entre otros. Pero hay un tipo de personaje en especial que ha llamado la atención del público y a partir de su popularidad se creó un género; me refiero a los detectives y policías.

Los policías suelen ser esos torpes comedores de donas que siempre en las persecuciones terminan volcando sus autos, o topándose con un camión que les cierra el paso, y nunca aciertan un disparo. Pero siempre esta aquel individuo que sobresale entre todos, ése que no le gusta el sistema, que es muy violento y/o tienen antecedentes, por ello es despedido (o renuncia) convirtiéndose en detective o investigador privado. Él, un individuo renegado, siempre vuelve a la acción ya sea por asuntos personales, o simplemente porque es el mejor y lo necesitan. Ese es mi personaje favorito.

Pero qué mejor para mí que traer a la pantalla grande a un personaje así en un ambiente totalmente diferente, algo fantasioso pero sin dejar un trasfondo realista y que nos competa en nuestra carrera por el progreso y desarrollo. Qué mejor que un detective retirado en el año 2019 conocido como Deckard , the Blade Runner.

La historia se desarrolla en la versión futurista de Los Ángeles donde la policía contacta al ex detective Deckard (Harrison Ford) para atrapar a cuatro replicantes (reploids o androides) de la serie Nexus 6. Estos androides especiales son superiores en fuerza, agilidad y al menos igual en inteligencia a los humanos; fueron utilizados como esclavos en  exploraciones y colonizaciones peligrosas en otros planetas. Tras un sangriento motín de un grupo de combate de estos replicantes, los declararon bajo la pena de muerte, o como lo llamaban retiro. Deckard perteneció al grupo que se encargó de ello en el pasado. Los integrantes tenían el nombre de Blade Runner.

Los replicantes tienen dos características más que los definen: primero tienen implantados recuerdos artificiales para que crean tener una vida y segundo tienen un tiempo de duración de 4 años. El grupo de replicantes rebeldes en su afán por buscar como extender su existencia, se dan como misión buscar a su creador en la corporación Tyrell, de donde provienen.

Deckard acepta la misión, de mala gana, de retirar a este grupo de replicantes. En su investigación conoce a Rachael (Sean Young), una asistente del jefe de Tyrell Corporation. Una extraña curiosidad y por qué no atracción surge entre estos dos personajes a través de sus intereses personales. La historia se desarrolla así entre la carrera de los replicantes por encontrar información sobre la longevidad de su existencia y la de Deckard por cumplir con su trabajo.

El ambiente futurista del filme no es una simple recreación de lo que era la visión del nuevo milenio en  los 70s, es un concepto que yo consideraría diferente. Este mundo imaginado por Ridley no es más que un vistazo a lo que significa cyberpunk. Cyberpunk es moda, alta tecnología, inteligencia artificial, redes informáticas inimaginables, pero más que todo es la lucha por no perder nuestra humanidad ante todo eso.

Esta es a grandes rasgos la idea en la que se basan grandes obras literarias del género, especialmente en los 80-90’s, como la de Philip K. Dick “Do Androids Dream of Electric Sheep?” de la cual los guionistas Hampton Fancher y David Peoples junto a la magia de Ridley se basan para crear el ambiente futurista de Blade Runner.

El futuro realizado por Ridley exhibe un mundo misterioso, de clima extraño: mañanas con cielo naranja como en un verano perpetuo y de noche con lluvia y neblina. Torres y demás edificaciones luminosas cubren los suelos, sobresaliendo estructuras imponentes que simulan pirámides. Y claro está la alta tecnología en comunicaciones y transporte.

Esta película muestra el género de ciencia ficción en todo su esplendor envolviendo temas desde la filosofía moral a través de las implicaciones del creciente dominio humano de la ingeniería genética, la tecnología sobre el medio ambiente y la sociedad, el control corporativo y policiaco, entre otros.

Blade Runner contiene un enriquecido nivel dramático, a pesar de la apariencia de película de acción.  La narración en primera persona, la mujer seductora y encantadora pero fatal y perspectivas cuestionables sobre moralidad del protagonista, extendido hasta incluso a debatir la humanidad de éste, usando una oscura y sombría cinematografía reflejan la influencia del cine negro.

Como adepto a Ridley, fanático a las películas de detectives y de la onda cyberpunk me veo obligado a calificarla como excelente. En este punto me gustaría motivar a buscar y ver esta película a nuestros 3 fans para comentar al respecto para debatir al respecto y desenmarañar los múltiples misterios y simbolismos que trae consigo este filme.

The Girl with the Dragon Tattoo (2011). Dir: David Fincher.

2 Oct

The Girl with the dragon tattoo es la adaptación estadounidense del primer libro de la saga Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres, del escritor sueco Stieg Larsson. La película mantiene el tono de suspenso, misterio y pasión por la investigación que maneja el libro. Es una película oscura; desde el tema y la historia que cuenta hasta la forma en la que está filmada, pasando por los escenarios que maneja y los personajes que se encuentran, todo, hace parte de un viaje oscuro y largo en el que se muestra lo más bajo de la humanidad.

 

La historia se centra en la investigación de una desaparición. Henrik Vanger (Christopher Plummer) es un importante empresario sueco que está convencido de que una persona de su familia asesinó y ocultó el cadáver de su sobrina, Harriet Vanger, y que ahora quiere enloquecerlo. Para descubrir a este asesino contrata a Mikael Blomkvist (Daniel Craig), un periodista que recientemente fue desacreditado por difamar a un empresario sueco y que por lo tanto debe alejarse un poco del periodismo. Por lo incentivos económicos e informativos que Henrik le ofrece, Mika el accede a conducir la investigación y se traslada a Hedestad, un pequeño pueblo cercano a Estocolmo, donde vive gran parte de la familia Vanger y donde ocurrió el crimen hace 40 años. En esta investigación lo ayuda Lisbeth Salander (Rooney Mara), una joven muy inteligente, pero introvertida, asocial, decidida, y con una percepción distorsionada del bien y del mal, que cuenta con una capacidad muy útil para este tipo de empresa: es una excelente hacker. A través de la investigación empiezan a descubrir que la desaparición de Harriet no es un hecho aislado sino que está conectado a una serie de asesinatos de mujeres que han ocurrido durante muchos años y que no han sido resueltos.

 

Es increíble la forma en la que se desarrolla la investigación, haciendo uso de todas las herramientas informáticas actuales, pero también manteniendo el tipo de trabajo mental que hacen los detectives, buscando información en diferentes fuentes y relaciones no evidentes pero fundamentales para esclarecer los casos.

 

La investigación permite conocer un poco más sobre Lisbeth: ella, que tiende a ser una persona retraída que no quiere ningún contacto con el mundo, decide ser parte de la investigación para descubrir a un asesino, lo que solo demuestra que hay mucho de este personaje que no se sabe pero que explicaría muchas cosas de su comportamiento. La personalidad de esta joven está marcada por los abusos que sufrió cuando era una niña. Y su forma de reaccionar a las situaciones, si tal vez no es la mejor, es la que le ha servido para sobrevivir. Rooney Mara encarna a un personaje que es, definitivamente, una intriga.

 

Pero más allá de la resolución de la desaparición, ésta es una historia en la que se muestra lo peor de la raza humana. En una misma familia hay representaciones de grandes problemas: hay alcohólicos, violadores, asesinos, hombres con creencias nazis, hombres abusivos que, como bien lo dice el título del libro, no aman a las mujeres y deciden torturarlas y matarlas como si fuese un hobby. Es una película que impresiona, pero es importante que lo haga porque ayuda a aterrizar un poco todo el tema del maltrato hacia la mujer. Es ficción que es completamente extrapolable a nuestro mundo actual. Todos los días, en cualquier lugar del mundo, aparecen historias de mujeres maltratadas, que sufren torturas aún más crueles y con más sevicia que las mostradas en la película.

 

Pienso que la adaptación de David Fincher, conocido por películas como The Social Network (2010), The Curious Case of Benjamin Button (2008) o The Fight Club (1999) es muy buena. Hay diferencias importantes con el libro, pero están bien manejadas. Tal vez hay conjuntos de escenas un poco lentas y monótonas, pero hacen parte de una atmosfera de suspenso y misterio que se debe crear y mantener. Definitivamente, Rooney Mara deja una marca con su personaje. Es una película que atrapa desde los primeros segundos, desde la introducción diferente, curiosa y  completamente acertada con el tono de la película.

CHINATOWN (1974) dir. Roman Polanski

13 Aug

R. Polanski viene dando de qué hablar, en el cine por su trabajo y en los pasquines por su vida personal, desde los años cincuenta. Aquel espectador curioso y un poco desocupado que se dé un paseo por la obra de este director se encontrará una lista extensa que cubre temas como vampiros, piratas, segunda guerra mundial y adaptaciones de clásicos de la literatura. Esta entrada se sumerge dentro de ese mar de historias llegando hasta 1974 para desempolvar Chinatown, una película sobre un detective privado de esos que tienen su propia ley y cuyo caso no se quedará sin resolver. Una película de unas dos horas de duración cuya trama resulta tan intensa que hasta puede parecer corta, un filme bien trabajado que vale la pena disfrutar.

 

Supongo, y espero que no sea una de esas cosas que creo generales y son muy particulares de mí, que muchos tienen en su imaginario a un detective privado de corbata y sombrero, fumando en su oficina con las persianas cerradas y un teléfono de baquelita repicando. Esa imagen viene seguramente de la década de 1940, cuando hubo en Hollywood un auge de películas detectivescas que al final los críticos encasillaron bajo el nombre de cine negro. La historia de Chinatown sucede justamente en el año 1939 y ese detective del cine negro es el que retoman el libretista R. Towne, el director R. Polanski y el actor J. Nicholson para crear al detective privado J. J. Gittes. La película consiste en acompañar a Gittes, que se dedica a investigar casos de adulterio junto a sus dos asistentes, a través de un caso que comienza con una clienta pidiéndole que investigue las supuestas infidelidades de su esposo y termina involucrando al detective  en una trama de corrupción, asesinatos y depravación que tan solo se esclarece en un vertiginoso final. Un camino que incluye roces con la policía, acecho por parte de matones y una obsesión y lo más importante, una mujer que es por la única razón para que el protagonista se adentre tanto en el asunto.

 

Esta película tiene una gran recordación, por encima incluso de las grandes películas de los 40 cuando el género estaba de moda, y son varios los elementos para explicarlo. Lo primero que se puede observar es el trabajo de Towne con el guión. Una historia sólida que pasa de una supuesta infidelidad a un enredijo de corrupción en la ciudad de Los Ángeles y cuyas piezas solo se pueden unir cuando se escudriña hasta el fondo de la humanidad de los personajes involucrados. Una trama llena de giros en la que se van develando los muchos y divergentes ángulos de la historia a medida que el público pasa continuamente de un caso prácticamente resuelto a darse cuenta de que la investigación apenas está empezando. El otro pilar sobre el que se sostiene Chinatown es la empatía que se logra entre el espectador y Gittes, esto es producto de la excelente interpretación de un gran actor como es Nicholson. No se queda atrás F. Dunaway como la atractiva y obsesa mujer que enreda al detective más de la cuenta dentro del caso. Por último se debe aplaudir a Polanski que en su justa medida combina los elementos clásicos del cine negro, empezando por la recreación del periodo de los treintas, y le da unos toques originales como el exagerado vendaje en la nariz que utiliza Gittes después de ser atacado por un matón interpretado por el mismo director.

 

Chinatown es una película atrapante hecha por un director que no se encasilla en géneros ni en temas y cuya incursión en el mundo de los detectives resulta totalmente acertada. Gittes es un personaje de esos que no se olvida y la cara de ese Nicholson joven es la del clásico detective privado de mi imaginario.